Pamplona, 6 de octubre de 2020

ENTREVISTA A
Francisco Idareta Goldaracena
Doctor en Trabajo Social por la Universidad Pública de Navarra.
Actualmente, presidente de la Comisión Deontológica del Consejo General del Trabajo Social
Docente e investigador en el Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra como miembro del grupo de investigación Efimec (Ética, Filosofía y Metodología de la Ciencia)

1. Se han cumplido 200 años del nacimiento de Concepción Arenal, ¿qué interés tiene esta figura para el Trabajo Social?

La vida y la obra de Concepción Arenal remueven conciencias. Son ciertamente inspiradoras, ya que, en este sentido, no solo escribió mucho y muy bien, sino que sus intervenciones salvaron muchas vidas y, algunas de ellas, rozaron la heroicidad. Solamente por ello, es ya una figura de interés. Pero además, desde nuestro punto de vista, no solo fue la primera trabajadora social de la historia del Trabajo Social en España, sino que basó su propuesta en la ética de la compasión, considerando que los problemas sociales son problemas morales puesto que en los primeros se pone en juego la dignidad de las personas. Creo que la nuestra es una contribución interesante para el Trabajo Social en España porque identifica a la primera trabajadora social de su historia, constata que la ética es fundamental en su aportación, evidencia que los valores que profesa (dignidad, libertad, igualdad, fraternidad y justicia social) sintonizan con la disciplina profesional y que sentó las bases de los derechos humanos en nuestro país. 

Por otra parte, Arenal quiso limar asperezas entre los católicos antiliberales y los liberales anticlericales de su época. Pero tras la Restauración de 1875, este catolicismo antiliberal imperante triunfó sobre el liberalismo, inoculándose años más tarde en el ideario de José Antonio Primo de Rivera. Recientemente, Óscar Cebolla (2020) publicaba una obra en la que se constataba que el origen del Trabajo Social en España se encuentra directamente vinculado con el régimen de Primo de Rivera. El mismo catolicismo antiliberal al que se enfrentó Arenal, es decir, el catolicismo no reformado y contrario al liberalismo (clerical y anticlerical), fue el que heredase Primo de Rivera en 1923 (Lacalzada, 1996). El mismo que abocaría a las dos Españas a una guerra civil años más tarde. En este sentido, cabe destacar que su hermana, Pilar Primo de Rivera, se hizo cargo de la Sección Femenina de la Falange durante la Guerra Civil de 1936, siendo la persona a la que el mismísimo Francisco Franco encomendase la labor de impulsar la creación de una Escuela de Asistentes Sociales en Madrid al considerar que el trabajo social (entonces, asistencia social) encajaba perfectamente dentro de la labor que realizaba la Sección Femenina.

Del mismo modo que en la época arenaliana, los católicos de la primera mitad del siglo XX también adoctrinaban en la alianza Trono-Altar. Por lo que, como ya indicamos en diferentes aportaciones (Idareta, Úriz y Viscarret, 2017; Idareta, 2016), durante un período histórico determinado, la intervención social estuvo, a grandes rasgos, condicionada por la fe ciega, el dogma, la oración, el culto externo y la atención a los más desfavorecidos con escaso arsenal metodológico y un exceso de voluntarismo y de paternalismo. Habría que esperar a la finales de la década de los 70 del siglo XX, con el impulso atemperado de la reconceptualización, para poder hallar en el Trabajo Social español los ecos de la propuesta de intervención social y de reformas sociales que identificamos en Concepción Arenal y, con ello, los primeros pasos hacia la recuperación y la rehabilitación de la perspectiva ética en Trabajo Social. 

2. Usted destaca el papel de María José Lacalzada de Mateo en el reconocimiento y difusión de la vida y obra de Arenal, ¿cuál es su importancia?

María José es una pieza clave en el esclarecimiento de la contribución de Concepción Arenal al pensamiento universal, ya que gran parte de las investigaciones posteriores parten de sus aportaciones y la inmensa mayoría apenas ha aportado nada nuevo. De hecho, podríamos decir que gran parte de lo que se conoce sobre Concepción Arenal lo sabemos gracias a María José. Ella ha sido capaz de identificar las sutiles armonías de los complejos y, a veces, imperceptibles matices claroscuros de la vida y obra arenaliana como nadie antes lo había hecho. Creo que su objetivo siempre ha sido traducir el mensaje arenaliano con la mayor fidelidad posible, al margen de las modas y de los aplausos del momento, con mucha prudencia y una gran humildad. Ciertamente, creo que el legado de Concepción Arenal queda en las mejores manos. 

Desde mi punto de vista, María José es una digna heredera del pensamiento arenaliano. Desde luego que la única en el panorama nacional e internacional con una trayectoria investigadora de varias décadas dedicadas al universo arenaliano. Es una mujer a la que admiro y aprecio mucho. Gran parte de lo que conozco sobre Concepción Arenal se lo debo a ella. Además, siempre está dispuesta a ayudar. Tuvo la gentileza y la amabilidad de acompañarnos en la presentación del libro que el Consejo General de Trabajo Social organizase por todo lo alto en Orense el 31 de enero de 2020 con motivo del bicentenario. Nunca olvidaré, ni agradeceré suficientemente que nos honrase con su presencia y con su sabiduría en un día tan especial. 

3. ¿Considera que la palabra arenaliana trasciende épocas? ¿Tiene que ver con lo que entendemos actualmente por trabajo social?

Tiene que ver con que su mensaje se dirige al corazón de las personas de cualquier época, desde donde trata de despertar en cada una de ellas su conciencia de humanidad. La palabra arenaliana pretende azotar conciencias, conmover corazones y reclamar responsabilidad a cada ciudadano. Había que pensar alto, sentir hondo y trabajar recio, sin importar el credo, la clase o la cultura a la que perteneciese cada sujeto. La palabra arenaliana vivifica y reconforta, cautiva y convence, urge a actuar a las personas frente al trato indigno o las injusticias sociales. Pero, sobre todo, la palabra arenaliana hermana a los seres humanos, puesto que ella entiende que es en relación social y asociándose como logran perfeccionarse y resolver mejor sus problemas sociales. La palabra arenaliana promueve y salvaguarda la dignidad humana y la perfectibilidad moral de las personas, teniendo siempre como horizonte la justicia social y la ética como eje central de su propuesta. Algo que tiene mucho que ver con lo que posteriormente vino a denominarse Trabajo Social. Mientras el ser humano conserve su inteligencia, su sensibilidad y su moralidad y sea capaz de identificar los devastadores efectos de la ignorancia, de la insensibilidad y del egoísmo en la sociedad, Concepción Arenal tendrá siempre algo nuevo que decirnos: un leve susurro suyo desde el siglo XIX aporta más al Trabajo Social actual que todos los altavoces del siglo XXI. 

4. ¿Cuál es la evolución que tuvo el concepto de caridad en la obra de Concepción Arenal? ¿Es posible diferenciar la caridad de la compasión en dicha obra?

Los católicos antiliberales del siglo XIX entendían la caridad asociada al dogma, a la fe, a la oración, al culto externo y a la asistencia al necesitado para lograr la salvación del alma, mientras que para Arenal la caridad hermanaba, lograba vincular a personas de diferentes clases, de diferentes credos. No la consideraba exclusiva de los cristianos católicos, sino que la contemplaba desde el ecumenismo, como pieza clave del hermanamiento entre diferentes perspectivas religiosas y, por ello, tendente hacia el diálogo interreligioso y el respeto de las personas, más allá de los credos que cada una de ellas profesase. Para ella, la caridad es un sentimiento de humanidad, una disposición humanitaria y no un medio para la propaganda ideológica, política o confesional. Dado que la caridad es una pieza importante en la obra de Arenal, Julio Alarcón y Meléndez trató de recatolizarla. No obstante, en este sentido, comparto con María José Lacalzada (1996) que si Concepción Arenal hubiese sido tan católica, no habría sintonizado ni con el liberalismo, ni con la Ilustración, ni con el librepensamiento. 

La caridad arenaliana, a diferencia de la planteada por el catolicismo antiliberal, nos aproxima al diferente y permite que empaticemos con su vulnerabilidad a medida que vamos perfeccionando nuestras capacidades (intelectuales, morales y de sensibilidad). La caridad es un deber moral de todas las personas para con el bien común, pero eso no exime la responsabilidad de las asociaciones benéficas y las del Estado. Por ello, la caridad arenaliana no depende de preceptos religiosos externos sino del compromiso interno de cada sujeto para con su conciencia. La caridad arenaliana significa respeto a la dignidad del otro, logra neutralizar o, en su caso, atemperar los odios y, precisamente por ello, genera espacios de encuentro y entendimiento. La caridad no solo es instinto o sentimiento, como para los católicos. La caridad también es hábito, razón y sistema. 

A mi juicio, Arenal inicialmente entendía la caridad como sentimiento y como deber. Pero debido a que, pese a su insistencia, seguía prevaleciendo la idea de caridad promovida por los católico antiliberales, es decir, la caridad entendida únicamente desde la fe ciega y el sentimiento, creemos que Arenal comenzó a defender la caridad como deber moral y justicia social, recurriendo a la compasión como impulsora y humanizadora de ambas. Ella entiende la compasión como sentimiento por el cual la persona se siente interpelada y conmovida por el dolor y el sufrimiento del otro, siendo esta una afectación que le urge a ayudarlo. Así, como ya lo señalamos en otro lugar (Idareta, 2020), Arenal acabó comprendiendo la compasión como la caridad, es decir, como sentimiento y como deber. Una compasión que se asemeja a la propuesta realizada por Martha Nussbaum (2008) y que cumple con los criterios cognitivos necesarios para calificar a la propuesta arenaliana como ética de la compasión. 

Como ya hemos anticipado, la teoría normativa del bien arenaliana armoniza la tensión existente entre el instinto, el sentimiento y la razón, explicando que la tendencia al bien pasa del corazón a la cabeza (Arenal, 1861). Por lo tanto, la compasión es una pieza clave como ella misma señalase: “Beneficencia es la compasión oficial, que ampara al desvalido por un sentimiento de orden y de justicia. Filantropía es la compasión filosófica, que auxilia al desdichado por amor a la humanidad y la conciencia de su dignidad y de su derecho. Caridad es la compasión cristiana, que acude al menesteroso por amor de Dios y del prójimo” (Arenal, 1861: 76). Se muestra de este modo que además de asignar una función a la sociedad civil, a las asociaciones y al Estado, establece la compasión como elemento fundamental de su teoría normativa del bien. 

5. En su libro habla de la teoría normativa del bien, resumidamente, ¿cuáles son las claves de esta teoría?

Arenal propuso esta teoría para solucionar el gravísimo problema que se originó en su época entre la caridad privada y la beneficencia pública. Para ella, cada ciudadano tiene un deber moral según su situación social: las personas más desfavorecidas tendrán un deber moral negativo, es decir, no deberán hacer el mal; mientras que las personas formadas y con más recursos tendrán un deber positivo, es decir, deberán hacer el bien. Por lo tanto, la sociedad civil tiene su parte de responsabilidad en los problemas sociales. Pero esto no era suficiente y por ello propuso que los sujetos tenían que asociarse para solucionarlos mejor y perfeccionarse como personas, así como que el Estado debería hacerse cargo de todo aquello que ni las asociaciones ni la ciudadanía podían hacer para salvaguardar la dignidad de los sujetos más desfavorecidos. De ese modo, logra articular las sinergias de la ciudadanía (instinto), de las asociaciones (sentimiento) y del Estado (razón), trasladando que, desde esta perspectiva, la caridad privada y la beneficencia pública eran complementarias y debían velar por garantizar la dignidad de las personas y el bien común a través de la justicia social. 

6. ¿Qué responsabilidad política tiene el Estado en la teoría normativa del bien y cuál debe ser el papel de las asociaciones?

Ya lo indicaba en la respuesta anterior. La intervención del Estado ha de ser mínima, es decir, cuando ni la ciudadanía ni las asociaciones puedan hacerse cargo de los problemas sociales y de la vulneración de la dignidad que estos puedan originar. Desde el prisma arenaliano es el Estado el que “debe hacer las cosas que hace mejor que tú, y dejarte que hagas las que haces tú mejor que él” (1880, Carta 19ª). Por otra parte, ella considera que “el que puede más, debe más” (1880, Carta 15ª), es decir, “el que tiene un poder, está obligado a emplearlo bien: poder es deber” (1868: 8). De ahí que si, por ejemplo, en la actualidad los ciudadanos pueden cumplir con las medidas de seguridad, deben hacerse cargo de ello. Si, por el contrario, los ciudadanos no pueden permitirse costearse varias mascarillas al día, es el Estado el que debe garantizárselas. Los productos y bienes de primera necesidad lo son porque de ellos depende la supervivencia de cada sujeto, cuya dignidad hay que seguir garantizando en cualquier caso. 

Con respecto a las asociaciones, hay que recordar que, en aquella época, la Iglesia padecía la desamortización y que el Estado no tenía obligación de intervenir directamente en los problemas sociales que se originaban. De ahí que ella preparase el manual El visitador del pobre (1863) con el propósito de movilizar la ciudadanía a través de las asociaciones benéficas para mejorar la integración de las personas más desfavorecidas, siguiendo la estela del liberalismo europeo. De hecho, en el caso de las personas más desfavorecidas ella no sólo señalaba que su deber moral debía consistir en no hacer el mal, sino que añadía que debían trabajar, instruirse, pero, sobretodo, asociarse. Dirigiéndose a los obreros, ella indicaba: “asociarte, ilustrarte, moralizarte: he aquí el medio, el único medio de alcanzar el mayor fruto posible de tu trabajo” (1880, Carta 16ª). Para ella lo importante es “asociarse; buscar en la unión la fuerza, y en la comunicación las fecundas inspiraciones” (1868: 10). Esta predilección por el movimiento asociacionista tiene que ver con que ella entiende que los seres humanos somos sociales por naturaleza y que salimos al encuentro de los demás debido a nuestra inherente vulnerabilidad. Somos humanos en relación con los demás y es asociados como nos perfeccionamos moralmente y logramos solucionar mejor los problemas sociales. Algo que entronca con las propuestas liberales con tendencias socialistas de diferentes autores de la época. 

7. Para usted, ¿cuál es la principal diferencia entre la perspectiva ética de Nusbaum y la de Arenal en la esfera de la responsabilidad?

Para Nussbaum, el juicio de inmerecimiento (de fallo o de error) señala que nos compadeceremos de quien no ha sido responsable de su infortunio, fallo o error, mientras que para Arenal nos compadeceremos del dolor ajeno tanto si ha sido responsable de su infortunio (fallo o error), como si no, es decir, siempre que haya sido vulnerada su dignidad y siempre que ella, por sus propios medios, no sea capaz de protegerla ni de defenderla. 

8. Para concluir, ¿por qué es recomendable la lectura de su libro?

Creo que el Trabajo Social español se ha venido inspirando desde hace muchos años en referentes de otros países, sin darse cuenta de que en España contábamos con una de las más insignes: Concepción Arenal. Este libro profundiza en su contribución al Trabajo Social, considerándola, como mínimo, a la altura de las de las fundadoras del Trabajo Social, Mary Ellen Richmond y Jane Addams. Aunque, indudablemente, la suya se encuentre mucho más próxima de ésta última, ya que tanto Arenal como Addams asumieron la caridad derivada del liberalismo cristiano reformista de la época, en las coordenadas de la socialdemocracia y el progresismo social, siendo para ambas la ética el pilar fundamental sobre el que erigieron sus respectivas propuestas. Así, además de profundizar en la faceta de Concepción Arenal como filósofa moral y trabajadora social, también ahondamos en la de reformadora social, ya que ella revoluciona conciencias desde dentro, pero también es reformadora de actitudes y costumbres a través de la empatía para con los demás. 

Todo esto se puede encontrar en un libro cuya presentación ha sido elaborada por Emiliana Vicente, presidenta del Consejo General del Trabajo Social, y cuyo prólogo ha corrido a cargo de María José Lacalzada, máxima autoridad nacional e internacional en Concepción Arenal, a quien está dedicado el libro. El libro es el tercer número de la selecta colección de Clásicos del Consejo General del Trabajo Social, que ha mimado y cuidado la edición del documento desde el principio. De hecho, para la elaboración de la portada y de la contraportada, he tenido el grandísimo privilegio de contar con la ayuda de Óscar Cebolla, secretario técnico del Consejo General de Trabajo Social y exitoso diseñador gráfico. Por otra parte, el texto está acompañado de diferentes tablas y gráficos que tratan de facilitar la comprensión de los contenidos. 

Tratándose del bicentenario de Concepción Arenal (1820-2020), creo que es una gran oportunidad la que nos brinda el Consejo General del Trabajo Social publicando, junto con Ediciones Paraninfo, un libro sobre esta mujer universal, ya que es un modo de extender la conciencia de humanidad y de ampliar la hermandad de inteligencia y de corazón en las que ella tanto insistiese. Hacerse con un ejemplar es la mejor forma para que profesionales, alumnado, profesorado, investigadores, etc. puedan constatar que Arenal revolucionaba conciencias conmoviendo las entrañas de las personas y que su aportación es la de la primera trabajadora social de la historia del Trabajo Social en España. 

Referencias bibliográficas

Arenal, C. (1861). La beneficencia, la filantropía y la caridad. Madrid: Victoriano Suárez.

Arenal, C. (1863). El visitador del pobre. Madrid: Imprenta de Tejado.

Arenal, C. (1868). La voz que clama en el desierto. La Coruña: Tip. de la Casa de la Misericordia. 

Arenal, C. (1880). La cuestión social. Cartas a un obrero. Ávila: La Propaganda Literaria.

Cebolla, O. (2020). El arte del Trabajo Social. Una iconografía de Óscar Cebolla Bueno. Madrid: Alejandro Robledillo. 

Idareta, F. (2016). Siglo y medio de compromiso ético del Trabajo Social (1861-2016): estudio comparativo entre el ámbito internacional y el nacional. Humanismo y Trabajo Social, 16, 11-26.

Idareta, F. (2020). Concepción Arenal: reformadora moral y social desde la compasión. Madrid: Consejo General del Trabajo Social – Ediciones Paraninfo. 

Idareta, F., Úriz, Mª.J. y Viscarret, J.J. (2017). 150 años de historia de la ética del Trabajo Social en España: periodización de sus valores éticos. Cuadernos de Trabajo Social, 30 (1), 37-50.

Lacalzada, Mª.J. (1996). Concepción Arenal. Dios y Libertad. Estudio preliminar, revisión y notas. Vigo: Museo de Pontevedra.

Nussbaum, M.C. (2008). Paisajes del pensamiento. Barcelona: Paidós. 

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