Coahuila (México), 26 de mayo de 2026

Ara Patricia Jaime Escobedo
Trabajadora Social, Facultad de trabajo social, Universidad Autónoma de Coahuila, Becaria de investigación del CA Bienestar y Desarrollo Humano desde el Trabajo Social de la UAdeC

Jesús Acevedo Alemán
Trabajador Social con estudios de Doctorado en Filosofía con Orientación en Trabajo Social y Políticas Comparadas de Bienestar Social

Yancy Nohemí Juárez Ramírez
Licenciada en Trabajo Social (UAdeC), Maestría en Desarrollo Social (UAdeC) y Doctorado en Ciencias de la Educación (UNISANT)

El presente texto explora el fenómeno digital denominado “el filtro burbuja”, considerado como un algoritmo de “recomendación” de información que genera tendencias, y viene reconfigurando la percepción política e ideológica de los consumidores digitales, exacerbando a la par, la polarización y radicalización de las ideas y posicionamientos. Algoritmo digital, que viene teniendo implicaciones para la construcción de entendimientos disciplinares para el Trabajo Social, así como dentro de la definición de los fenómenos de estudio de la misma profesión. Reflexión, encaminada hacia la necesidad de una alfabetización mediática, el diálogo intencionado y una ética digital que permita fortalecer los perfiles profesionales del trabajo social en cada una de sus especialidades.

Libres consultas digitales o manipulación de cerebros

A lo largo de las últimas décadas, la esfera pública tradicionalmente conocida como un espacio neutral de debate y encuentro ciudadano, ha sufrido transformaciones sumamente amplias y profundas impulsadas por la digitalización de la comunicación social. Lo que antes era tan solo un ¨espacio compartido¨ de discusión fomentado por medios de comunicación masivos, encuentros presenciales y foros públicos, ha sido desplazado en gran medida por plataformas digitales, mediadas por algoritmos que dividen y personalizan los contenidos según los intereses individuales (Pariser, 2011). 

Imaginemos por un momento la línea de información por la que pasa diariamente un usuario promedio: al despertarse, revisa notificaciones en redes sociales; durante el transporte escucha recomendaciones personalizadas de noticias en una app; al trabajar recibe anuncios adaptados a su historial de navegación; por la noche ve videos sugeridos que amplifican sus preferencias anteriores. Este circuito continuo no solo es omnipresente, sino que está diseñado para capturar y retener la atención mediante algoritmos que analizan datos de comportamiento, y generan contenidos afines a los intereses previos de cada usuario. Esto no surge de una conspiración, ni de un plan secreto de manipulación ideológica, por parte de las grandes plataformas digitales o los buscadores. En otras palabras, esto es el resultado directo de cómo utilizamos estas tecnologías. Esas decisiones, interacciones y nuestros patrones de consumo en línea definen el entorno informativo. Es así, que cada persona contribuye a crear su propia burbuja digital (Baeza y Karma, 2020). 

De esta forma, la digitalización ha transformado los lugares de encuentro y conocimiento, rompiendo aquello antes considerado como vivencias conjuntas. En vez de un área pública única, cada uno habita su propio cosmos informativo ideal, moldeado, el acceso a ideas diferentes, totalmente, por las selecciones técnicas, ocultas al saber social.

Esta desconexión de información está muy ligada a cómo los internautas usualmente prefieren contenido que ya asiente sus creencias, marginando opiniones opuestas, acortando las chances de toparse con ideas diferentes. Tal ciclo no solo genera fricciones entre las comunidades online, sino que tambalea un debate público democrático que sea útil, donde el debate racional de temas compartidos podría suceder de modo colaborativo e intersubjetivo.

La idea del ¨filtro burbuja¨ es esencial para entender este renovado panorama comunicacional. Constructo sugerido por Eli Pariser (2011) para detallar cómo los algoritmos de sugerencias arreglan resultados de búsqueda y contenidos en redes sociales, el filtro burbuja implica un “encierro intelectual” del/la usuario/a contra puntos de vista diferentes. Visto de esta manera, los algoritmos elaboran ecosistemas de información singulares para cada persona, apoyados en su historial, gusto por consumir, ubicación geográfica o anteriores interacciones. Este ecosistema funciona como un universo informativo segmentado donde la exposición a puntos de vista conflictivos se reduce automáticamente. Como resultado, la persona está más expuesta a contenidos que confirman sus creencias que a aquellos que las desafían, lo cual favorece la consolidación de opiniones polarizadas y reduce la apertura al diálogo intercultural y político.

En síntesis, el fin del espacio público común está estrechamente ligado a la personalización automatizada de los contenidos informativos, que transforma no solo lo que sabemos, sino cómo y con quien compartimos ese saber. El filtro burbuja, al segmentar y aislar las experiencias comunicativas, actúa como un lente clave para entender porqué hoy resulta tan complejo establecer un diálogo político rico, crítico y plural en entornos digitales hiperconectados.

¿Qué es el filtro burbuja?

El concepto filtro burbuja, fundamental ahora, ayuda a entender cómo las plataformas digitales cambian la forma en que accedemos y compartimos información, justo ahora, en nuestros días. Desde lo comunicativo y social, este fenómeno describe, cómo algoritmos de personalización restringen la información que recibes, creando así entornos informativos segmentados.

El término filtro burbuja fue sugerido por Eli Pariser (2011) para describir el ecosistema de información que nos dan los algoritmos, privilegiando los contenidos que coinciden con nuestros gustos, y consumos digitales. Un filtro burbuja es, entonces, un aislamiento intelectual, donde nos enfrentamos, principalmente, a información que confirma lo que ya pensamos, mientras que vemos menos otras opiniones.

Este fenómeno, se apoya en elecciones automáticas de contenido, utilizando información del comportamiento online o clics, búsquedas anteriores, e incluso la ubicación, resultando en una perspectiva sesgada y profundamente individualizada la “Burbuja de Filtros”, como la llamaron en 2024. Desde luego, la burbuja de filtros no es simple alegoría; es un andamiaje algorítmico que moldea el entorno digital de cada uno, generando la fragmentación del saber colectivo y menoscabando la posibilidad de comunicación compartida en la esfera social general (Baeza y Karma, 2020).

Psicopolítica y control emocional, nuevos escenarios de análisis para el trabajo social

Dentro de las nuevas reflexiones que el trabajo social, como disciplina científica deberá hacer, se centran en los entendimientos de las psicopolíticas y el control emocional. Reconociendo que la psicopolítica describe cómo los sistemas de comunicación contemporáneos, fundamentalmente los mediadores, por plataformas digitales y algoritmos no solo moldean la circulación de información, sino que influyen de forma directa en los estados emocionales de los individuos para producir efectos sociopolíticos específicos. En este contexto, la gestión emocional se convierte en una forma de control político, no solo se persuaden opiniones, sino que se administran emociones. Esta dimensión afecta la manera en que los sujetos se vinculan con la política y cómo construyen, sentidos de pertenencia o antagonismo hacia otros grupos sociales y políticos. 

La noción de filtro burbuja no sólo explica la personalización de contenidos, sino también esto influye, en la forma en que los movimientos sociales contemporáneos se configuran, se fragmentan y se perciben mutuamente en una esfera pública digital altamente segmentada. Temas como el feminismo, la fe, raza, clase, género e ideología presentan múltiples versiones en distintos nichos de opinión, muchas veces sin un punto de diálogo común.

La lógica del filtro burbuja no se limita a los contenidos que apoyan una causa, sino que favorece la proliferación de discursos extremos o contrarios a esa causa, dependiendo del historial de interacción de cada usuario/a. Así, la pluralidad interna de un movimiento se descompone en versiones que interactúan escasamente entre sí, fuera de sus burbujas específicas, reduciendo la posibilidad de diálogo y consenso interno. 

Así, surge una perspectiva reducida sobre la diferencia social y política. En esta visión, las diferencias se malinterpretan y parecen amenazas graves, en lugar de oportunidades para dialogar y entender. Este tipo de pensamiento, trae consecuencias serias para la democracia y para el trabajo en profesiones como puede ser el Trabajo Social. La segmentación social, alimentada por medios digitales, dificulta crear conexiones entre grupos variados, obstaculiza la construcción de acuerdos y promueve desacuerdos que no siempre generan acciones políticas en grupo y efectivas.

El algoritmo como actor político: una mirada disruptiva desde el trabajo social

Los algoritmos no son solo herramientas técnicas, neutrales o imparciales; Su propio diseño incluye decisiones con normas, económicas y culturales, determinando la información que se difunde, se prioriza y permanece oculta. Gillespie (2014) lo dice: La supuesta objetividad algorítmica esconde relaciones de poder al servicio de empresas y del mercado. Esta falta de imparcialidad convierte al algoritmo en un agente activo creando sentido social y político.

Por lo anterior, se debe reconocer permanentemente el impacto de los algoritmos en la democracia, y que queda de manifiesto en muchos frentes; en las elecciones, la información personalizada contribuye a la fragmentación del electorado y a la divulgación selectiva de relatos políticos, dañando el debate público (Sánchez, 2025). Al igual que dentro de los movimientos sociales, son condicionados por la lógica algorítmica, se prefieren mensajes cortos, visuales e intensamente emocionales, perjudicando los procesos organizativos más complejos. Del mismo modo, el algoritmo no solo afecta la acción política; redefine sus formas y también sus límites.

Implicaciones para el Trabajo Social y la intervención comunitaria: de la calle al feed

El Trabajo Social afronta el desafío de intervenir, donde el conflicto social no solo surge en el espacio físico, también en entornos digitales. La vida comunitaria, la construcción de identidades y la perpetuación de desigualdades se ven, con el tiempo, influenciadas por tecnologías de comunicación. Las plataformas digitales, se han metamorfoseado en focos importantes para la producción y reproducción del conflicto social. Historias sobre pobreza, género, religión, migración o violencia pululan y se discuten en redes sociales, esto impacta las percepciones colectivas y, por supuesto, los vínculos comunitarios. 

Percibir esta mediación tecnológica es crucial para el Trabajo Social; así se entiende cómo se forman los imaginarios sociales y las conexiones grupales (Castells, 2012). La exclusión social presenta nuevas facetas en el ámbito digital. La invisibilidad algorítmica, la estigmatización en línea, y el acceso desigual a la información, crean brechas que agravan desigualdades previas. Estas exclusiones, aunque a veces no materiales, causan consecuencias en la participación social, el reconocimiento simbólico, y el bienestar psicosocial de personas y comunidades, es por ello, que se puede afirmar que la desinformación, ¡es un peligro psicosocial al alza!

La exposición prolongada a información falsa o trucada daña la confianza colectiva, generando ansiedad y potenciando la polarización emocional, como bien notaron Wardle y Derakhshan (2017). Así, el Trabajo Social necesita comprender la desinformación, una pieza clave en la salud mental y la unión comunitaria y de tejidos sociales, integrando tácticas de prevención en sus acciones.

Conclusión: la nueva lucha no es ideológica, es perceptiva

Finalmente, surge una pregunta relevante a manera de reflexión final, ¿se puede salir de esta burbuja? Si bien, el filtro burbuja representa un desafío bien estructurado, todavía hay maneras de resistir basadas en la ética y la educación. La solución no es deshacernos de la tecnología; sino construir una relación reflexiva con ella. Es esencial promover la alfabetización mediática, crucial para fortalecer la capacidad individual de discernimiento. Esta alfabetización abarca no solo habilidades técnicas, sino también la capacidad de evaluar fuentes, detectar sesgos de los algoritmos y entender las lógicas económicas que dan forma al entorno digital, según Buckingham (2019). Desde la mirada del Trabajo Social, la alfabetización mediática se puede usar como una herramienta para el empoderamiento de la comunidad.

Reintegrar lo colectivo implica despertar una consciencia crítica frente a las tácticas de manipulación, además, mantener una responsabilidad ética en el manejo y divulgación de información. Para el Trabajo Social este desafío es fundamental; en un mundo mediado por algoritmos, la intervención social también se debe encaminar hacia el reconstruir el tejido social, así como aquellas condiciones sociales, que posibiliten el volver a mirarnos como una comunidad, y no como usuarios digitales.

Referencias 

Baeza-Yates Ricardo y Karma Peiró (2020). ¡Sal de tu burbuja digital!. https://weareshifta.com/sal-de-tu-burbuja-digital/ 

Buckingham, David (2019). Educación en medios Alfabetización, aprendizaje y cultura contemporánea   https://educaciondelamirada.com/wp-content/uploads/2019/07/2BUCKINGHAM-David-Alfabetizaciones-Digitales35717.pdf 

Castells, M. (2012). Redes de indignación y esperanza: Los movimientos sociales en la era de Internet. Alianza Editorial.

Estrada, José Luis (2026). ¿Por qué la polarización política crece en las redes sociales https://www.milenio.com/opinion/jose-luis-estrada/comunicar-la-politica-algo-mas/por-que-la-polarizacion-politica-crece-en-las-redes-sociales

Fuchs, C. (2021). Social media: A critical introduction (3rd ed.). Sage. 

Granados, L., Alvarado, S. y Carmona, J. (2016). Narrativas y resiliencia. Las historias de vida como mediación metodológica para reconstruir la existencia herida. Rev. CES Psicol., 10(1), 1-20.

Galindo, Salvador (2025). 7 tipos de contenidos de redes sociales. casos prácticos. https://amara-marketing.com/blog-clinicas/7-tipos-de-contenidos-de-redes/

Gillespie, T. (2014). The relevance of algorithms en media technologies: essays on communication, materiality, ando society. Mit Press 

Izquierdo, Maria (2025). Patrones de consumo: cómo entender y adaptar tus estrategias de marketing. https://mktschool.com/patrones-de-consumo/

Pariser, Eli. (2011). The filter bubble: What the Internet is hiding from you. Penguin Press.

Zuboff, S. (2019). The age of surveillance capitalism. PublicAffairs.

Sánchez y Sánchez, Carlos Luis (2025).Comunicación política: abordajes teórico-metodológicos. https://ciid.politicas.unam.mx/www/libros/9786073088602.pdf 

Wardle, Claire y Derakhshan, Hossein (2017). Pensando en el “desorden de la información”: formatos de información errónea, desinformación e información maliciosa. https://www.jstor.org/stable/pdf/resrep70127.7.pdf 

Xevib (2026). Consecuencias del filtro burbuja: Polarización y aislamiento digital en la sociedad actual. https://xevib.com/consecuencias/consecuencias-del-filtro-burbuja-polarizacion-y-aislamiento-digital-en-la-sociedad-actual/

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